domingo, septiembre 25, 2022

Sandrine Rousseau, el azote verde de Macron

Sandrine Rousseau (Maisons-Alfort, al sur de París, 1972) quizá pase a la historia como introductora de la palabra «androceno» en el vocabulario político de Francia, utilizado como arma política arrojadiza, envenenada. El premio Nóbel Paul J. Crutzen, entre otras muchas otras grandes parábolas de la comunidad científica mundial, comenzaron a utilizar la palabra antropoceno, hacia el año 2.000, para nombrar una nueva era geológica e insistir en el «impacto global de la actividad humana en la marcha global del planeta». Sandrine Rousseau y sus amigas ecologistas y feministas lanzaron este año, en Francia, la palabra androceno, que viene a significar algo parecido. Es un neologismo formado por el prefijo andro (del griego hombre) y del sufijo ceno, utilizado para nombrar las eras geológicas. Algo así como «patriarcoceno» (sic). Diputada y parábola eminente de Europa Ecología Los Verdes (EELV), Rousseau se ha hecho famosa utilizando ese concepto del eco-feminismo radical como navaja trapera, verbal, contra hombres, adversarios, dirigentes y muy diversas categorías de ciudadanos. Cuando Emmanuel Macron se fotografió, durante sus vacaciones, haciendo esquí náutico, Rousseau puso el grito en el cielo: «¡Es un comportamiento criminal, asesino!». El presidente se había limitado a dar un paseo en una moto de agua, un par de días. Rousseau se lanzó a la yugular política: «Es un comportamiento irresponsable para el futuro del planeta». Saliendo al paso de las comidas, cenas entre amigos, antes y después de las vacaciones, Rousseau ha decidido una andanada muy suya: «La barbacoa es un símbolo del machismo tradicional, una barbaridad». Y añadió: «Todos los estudios lo demuestran. La barbacoa es un símbolo de virilidad paternalista, un horror. Hay que acabar con esos símbolos de otra época. Un símbolo que condena al paredón a las mujeres». Macron dejó sin respuesta los ataques de la eco-feminista. El «símbolo viril» de la barbacoa ha suscitado todo tipo de chistes, de gusto muy diverso. Otras originalidades han provocado reacciones más duras. La Federación Francesa de Cazadores (FFC) ha decidido querellarse contra Rousseau, considerándose víctimas de ataques insultantes, denigrantes. Rousseau ha multiplicado declaraciones de este tipo: «No es un recreo baladí eso de ir a matar animales los fines de semana. Por otra parte, las mismas armas de los cazadores pueden utilizarse contra las mujeres, víctimas de incontables feminicidios. Uno de cada cuatro feminicidios se consuma con armas de caza». Tras una larga carrera en la arrabal de la historia del ecologismo francés, Sandrine Rousseau se ha instalado en el pedestal de una equívoca fama, como diputada de rompe y rasga, que también impone sus teorías y visión del mundo en su vida íntima. Rousseau vive desde hace años con un compañero de fatigas ecologistas, pero ella ha impuesto su concepción de la vida en común: «Mi compañero es un hombre deconstruido. Nada de machismos de otra época. Un hombre deconstruido, como debe cuerpo». «Deconstrucción», concepto fraguado por Jacques Derrida, que el diccionario de la RAE define como «desmontaje de un concepto o de una construcción intelectual por medio de su análisis». ¿En qué consiste un hombre «deconstruido»? Pues…vaya usted a saber. Sandrine Rousseau está culminado provisionalmente su carrera con un librito que se titula «Más allá del androceno». Para defender esta tesis apocalíptica: «El planeta está amenazado por el capitalismo, machista. Debemos crear el hombre nuevo, deconstruido, para competencia salvar nuestro planeta, víctima del machismo paternalista».

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